Hace una semana y tres días que partiste a Lima y yo no puedo dejar de pensar en ti. Cada mañana despierto buscando encontrarte a mi lado y cada noche me acuesto dispuesto a soñar contigo. No hay palabras para describir los golpes eufóricos de mi músculo cardiaco cuando tu madre me confiesa por el teléfono que basta escuchar mi voz para que empieces a saltar y bailar en su vientre. Pronunciar tu nombre me permite suspender el diálogo interno y dejarme llevar por la ilusión de estar vivo, maravillado siempre por la fabulosa energía del amor que en todas las formas posibles nos llega desde cada rincón del universo. Quiero que sepas que eres mi vida y que no dejo pasar ni un segundo sin disfrutar de tu presencia. Aliméntate de Lima que es una parte importante de tus raíces. Respira su lluvia húmeda y siente la brisa primaveral de noviembre. Desarrolla branquias y pulmones para que puedas vivir en todos los mundos. Ejercita tus alas. El tiempo de volar va llegando y papá espera por ti.
En Barcelona, el 15 de noviembre de 2008